¿Practicar la relajación junto a los niños es posible? Sí, con la técnica de Koeppen.

La relajación hoy día es necesidad no solo para los adultos sometidos a un ritmo de vida estresante, sino también para los niños que viven situaciones de inestabilidad emocional que les dificultan el poder relacionarse de forma adecuada y hacer frente a los continuos cambios que les presenta la vida, en el colegio, en casa o cualquier otro lugar.

El estrés de enfrentarse a situaciones desconocidas y transformarlas en algo familiar y predecible es algo esencial para el desarrollo del cerebro infantil, pero solo es una parte, y sin su opuesto, la relajación, el estrés puede ocasionar sobre estimulación y agotamiento que bloquea el proceso de aprendizaje.

En la sociedad actual el niño desde que nace está sobrecargado de información y actividades, pero en la mayoría de los casos no se le permite en contrapartida llorar, gritar o correr para liberar tensiones musculares.

Técnica de Koeppen

Una manera muy habitual de evitar que el cuerpo entre en contacto con las emociones, es tensar inconscientemente los músculos. La técnica de Koeppen, es ideal para revertir el malestar; esta consiste en aflojar los músculos, mediante una serie de dinámicos y sencillos ejercicios; que ayudarán a canalizar la energía en los niños así como la de los padres y distender tanto el espíritu como el cuerpo. También, permite disminuir la tensión y recuperar el equilibrio y bienestar.

Beneficios de la técnica de relajación Koeppen:

– Disminución de la ansiedad

Aumenta la eficiencia en la capacidad de aprendizaje

 

Aumenta la autoestima

-Mayor receptividad

-Incrementa la sociabilidad

-Mejorar la calidad de sueño

-Amplia la habilidad de relajarse cuando lo necesite

-Aumenta la concentración y memoria

-Ayuda en la toma de decisiones y con más asertividad

-Mejora la circulación sanguínea

Disminuye la agresividad

Entrenar la respiración diafragmática en los niños

En primer lugar, para la correcta realización de la técnica de Koeppen, debemos enseñar a los niños a respirar de una manera adecuada, para alcanzar la relajación.

El estrés y la ansiedad llevan tanto a adultos como niños a alterar la forma correcta de respirar; los estados de angustia y nerviosismo hacen que la respiración sea rápida y superficial, acompañada de tensiones musculares y posturas incorrectas que dificultan aun más la respiración. No es fácil para los adultos entrenar la forma correcta la respiración, menos lo es para los niños; así que es aconsejable tener paciencia y sobretodo constancia.

Pasos a seguir antes de practicar la técnica de Koeppen:

Es importante, que cuando se empiece a hacer los ejercicios de respiración, se elija un lugar cómodo y tranquilo.

– Para empezar, y acompañando a los pequeños en este aprendizaje, se acostarán boca arriba, y comenzarán a respirar de una manera lenta, debido a que cuando no se está acostumbrado a respirar correctamente, retener el aire por unos segundos puede ser un momento de pánico.

– Para mayor confort, es recomendable cerrar los ojos.

– Luego, cuando se hayan acoplado a la respiración lenta, pasarán al siguiente paso, es decir, inhala por la nariz despacio, retener el aire por unos segundos, y luego exhalar completamente por la boca (repetir dos veces) y luego breve periodo de descanso.

Ejercicios de la técnica de Koeppen

El juego del limón: manos y brazos

Debe realizarse el ejercicio tres veces con cada mano.

Imagina que tienes un limón en tu mano izquierda, tienes que tratar de exprimirlo para sacarle todo el jugo. Concéntrate en tu mano y en tu brazo, en cómo aprietan mientras intentas sacarle todo el zumo, en cómo se tensan. Ahora deja caer el limón. Nota cómo están tus músculos cuando se relajan.

Vamos a agarrar otro limón, pero lo vamos a exprimir con más fuerza que antes, muy muy fuerte. Mira qué tensos tienes la mano y el brazo.

Ya está exprimido, ahora déjalo caer. ¿Ves, fíjate qué bien estás cuando estás relajado?, qué bien están tu mano y tu brazo, ¿a qué te sientes mejor?

Vamos por otro limón más, pero ahora tenemos que exprimirlo con mucha más fuerza que antes, esta vez no tiene que quedar ni una gota de zumo. Aprieta fuerte, más fuerte, que no quede nada…

Ahora, vuelve a soltar el limón. Vuelve a notar qué tu mano y tu brazo, qué relajados y qué a gusto están.

El gato perezoso: brazos y hombros

Imaginaremos que somos un gato perezoso, y queremos estirarnos.

Estira todo lo que puedas los brazos frente a ti. Ahora levántalos, por encima de tu cabeza, con fuerza llévalos hacia atrás. Nota el tirón tan fuerte que sientes en los hombros. Vamos ahora a dejarlos caer a los lados, que descansen del esfuerzo.

Muy bien. Otra vez, vamos a estirar los brazos otra vez más, más fuerte. Este gatito tiene mucha fuerza. Perfecto. De nuevo los dejas caer a los lados. Muy bien. ¿Notas cómo están más relajados los hombros? Una vez más, pero con más fuerza. Estira todo lo que puedas los brazos, vamos a intentar llegar al cielo, con todas tus ganas. Primero frente a ti, luego los levantas sobre tu cabeza y ahora… ¡arriba! Mira qué tensos estás ahora tus brazos y tus hombros.

El último esfuerzo, el estirón más fuerte. Los brazos hacia adelante, los brazos sobre nuestra cabeza y finalmente ¡brazos al techo, con ganas! Déjalos caer a los lados. ¿Ves qué bien se siente un gatito cuando está relajado? Muy contento y muy a gusto. El ejercicio de repite cinco veces.

La tortuga que se esconde: hombros y cuello

Ahora eres una tortuga. Estás ahí sentada, sobre una roca, muy a gusto. Relajándote muy tranquila y muy feliz en un lugar fantástico. Hace sol y calor, hay un estanque muy cerca de ti. Te sientes muy cómoda y feliz.

De pronto… ¿qué pasa? No lo sabes bien, pero sientes que estás en peligro, sientes miedo. ¡Tienes que esconderte! ¡Mete tu cabeza en el caparazón! Lo haces llevando tus hombros hacia tus orejas, con la cabeza entre los hombros, así, bien escondida, muy protegida.

Ya está… no hay peligro, sal de tu caparazón, no tienes nada que temer. Vuelve a relajarte tumbada al sol, siente sus rayos sobre tu cara. Vuelve a disfrutar plácidamente del paisaje. Siente tus hombros que ya no están tensos, tu cuello también relajado, estás muy cómoda.

El ejercicio se repite tres veces.

Jugando con un chicle (goma de mascar) enorme: mandíbula

Tienes un chicle enorme, quieres morderlo, masticarlo, comerlo pero es tan grande… Vamos a morderlo con todos los músculos de tu cuello, con tu mandíbula. Apriétalo bien. Siente cómo se mete entre los dientes. Masticarlo fuerte, muy bien, lo estás consiguiendo.

Ahora relájate, el chicle ha desaparecido. Deja caer tu mandíbula. Siente cómo está floja. Tu cuello también está suelto, está relajado.

El ejercicio se repite tres veces, con tres “chicles distintos”.

Para finalizar se le pide que además de mandíbula y cuello, trate de relajar el cuerpo entero, quedándose lo más flojo que pueda.

La mosca pesada: cara y nariz

Estás sentado, despreocupado, entretenido. De repente, una mosca, una mosca muy molesta ha venido a meterse contigo y se ha posado en tu nariz. Tratas de espantarla pero no puedes usar las manos. Es un poco complicado. Intenta echarla arrugando tu nariz, todo lo que puedas, lo más fuerte posible. ¡Vamos, tú puedes echarla! Fíjate que cuando arrugas tu nariz, las mejillas, la boca y la frente también se arrugan, también se ponen tensos. Hasta tus ojos se tensan…

Bien, la mosca ya se ha ido, por fin te ha dejado tranquilo. Ya puedes relajar toda tu cara: tu nariz, tus mejillas, tu frente. Tu cara está tranquila, sin una sola arruga. Tú también estás tranquilo y relajado.

Repetimos tres veces el proceso.

Jugando con nuestro estomago:

Ahora, está tumbado sobre la hierba, panza arriba, tomando el sol. Estás muy cómodo y muy relajado. De repente, oyes un pequeño estruendo, son los pasos de algo grande que se dirige hacia ti. Es un elefante, el elefante avanza rápido, velozmente, sin mirar por dónde pisa. Está muy cerca de ti, no tienes tiempo de escapar. La única solución es poner tenso el estómago, tensarlo tanto que parezca de piedra; así cuando el elefante ponga su pie encima de ti estarás protegido. Tensa bien tu estómago, nota como tu estómago se pone duro, realmente duro. Aguanta así, el elefante está a punto de pasar. Mira, parece que ya está apoyando su pie.

¡Vaya!, el elefante ha salido corriendo en otra dirección. Estás a salvo. Ya puedes descansar y relajarte. Deja tu estómago blandito. Lo más blandito y relajado que puedas. ¡Muy bien! Ahora te sientes mucho mejor, relajado y descansado. Siente la diferencia entre el estómago tenso y el estómago relajado, ¿a que ahora te sientes mucho mejor?

El ejercicio se repite dos veces.

Caminamos por el barro: pies y piernas

Nos encontramos en la jungla. Es una jungla peligrosa, pero nosotros somos buenos exploradores y conseguiremos avanzar a través de ella y encontrar la salida. Vamos caminando decididos cuando ¡atención! Hemos encontrado un barrizal, ¿quieres meter tus pies en él? ¡Vamos a ello! Debes empujar con toda la fuerza de tus piernas. Empuja hacia adentro. Siente como el calor del barro se mete entre tus pies. Empuja fuerte, parece que el barro se hace cada vez más duro, utiliza toda la fuerza de tus piernas. Siente cómo tus piernas y tus pies están tensos mientras intentas caminar por el lodo.

Ahora sal fuera. Deja de ejercer fuerza. Suelta tus piernas y tus pies. Nota cómo éstos están flojos, están relajados. Ya no estás tenso, descansa tranquilo. El ejercicio se repite dos veces.

Consejos para que el niño se relaje

– Los niños aprenden más rápido y fácil, mediante el ejemplo, así que es recomendable que el adulto acompañe en la realización de los ejercicios y también ayudará a mejorar la relación con el niño.

– Cada niño tienen un nivel de necesidad distinto. Es importante no obligarlos, más bien motivarlos, y comprender su ritmo de aprendizaje. Así voluntariamente el niño accederá a realizarlos de manera continua y motivado.

– Al finalizar cada ejercicio, es importante felicitarlos y hacerles saber que son capaces de ir mejorando cada día.

Referencia Psicoactiva.com